
Sobre mí
Mi camino en el arte comenzó desde muy pequeño. A los 10 años aproximadamente, escuchaba a mi hermano cantar y tocar la guitarra, y algo dentro de mí se encendía: sonidos, timbres y ritmos comenzaban a tomar forma en mi cabeza. Pasaba horas percutiendo todo lo que encontraba, inmerso en una especie de ritmo constante que me acompañaba a todas partes. Eso fue todo un suceso que tomaba toda mi atención y los estudios, el colegio y practicamente todo lo que entendia el sistema tradicional de enseñanza dejaron de tener sentido para mi con una claridad rotunda. Dehecho en el colegio era de los peores alumnos en materias y conducta. Era de los hiperactivos y rebeldes. Así, sin darme cuenta, nació la necesidad de tocar para expresar de alguna manera toda esa información de falla constante y crítica que recibia en el colegio y que por un tiempo me generaba agresividad hacia las personas. La batería fue el primer instrumento que me atrapó, y aunque al principio no sabía nada, la intuición y la observación me llevaron a aprender y a poder formar una banda.
Paralelamente apareció la pintura. No recuerdo si fue antes o después que la música, pero sí sé que tuvo un impacto fuerte. Descubrir a Picasso y Dalí fue revelador: ver cómo un adulto podía crear desde una energía tan libre, casi infantil, primitiva y salvaje me abrió la mente y el corazón. Desde entonces, imagen y sonido se volvieron inseparables para mí. Ya que me conectaba con un estado de contemplación y presencia mas alla de todo diagnóstico . Digamos que me sentia parte de un misterio emocionante.
Más adelante comencé a componer canciones. Me fascinaba cómo las palabras, la poesía y los acordes podían combinarse para crear emociones, paisajes e historias para hablar de la vida. Fui explorando distintos estilos, siempre desde un camino muy autodidacta. Desde la guitarra con efectos hasta la computadora pentium 3 con juguetes intervenidos y osciladores caseros para grabar mis primeros demos.
Intenté estudiar música primero en Perú y luego en Buenos Aires, pero el sistema académico no me resultó como zurdo que toca la guitarra al revés. Además mi forma de aprender y la falta de asesoría hicieron complejo establecer la ruta y disciplina. Trabajaba mientras intentaba estudiar, y esa tensión constante no me permitió encontrar mi lugar en ninguno de los dos espacios. Aun así, nunca solté la música y seguía componiendo canciones y trabajando horas extras quedandome en el estudio de grabación en donde era practicante. Por las noches me la pasaba probando micros y grabando interminables maquetas.
Así nació Maywa, mi proyecto de banda mas importante. Con él desarrollé una discografía extensa, con una estética propia, sincera, hecha con lo que había a mano. Aprendí a producir, a grabar, a mezclar, a cantar, a dirigir una banda desde el “hágalo usted mismo”, con todo el corazón y desfachatés de los veintipocos. Maywa fue clave para encontrar mi voz artística y una forma de expresión profundamente conectada con mi realidad. Una busqueda de un sonido que hable de mi vida o en todo caso que le dio sentido a esta.
En este camino también apareció otra medicina: las plantas maestras. Durante mi adolescencia pasé por momentos difíciles, episodios de depresión y medicación psiquiátrica debido a la mala adaptación al colegio. Pero algo dentro de mí me pidió buscar otro camino. A los 14 elegí dejar las pastillas —aunque no fue fácil ni bien recibido por mi madre— y me volqué a procesos de sanación con plantas gracias a un amigo y su familia. Ahí comenzó una transformación radical: se abrió un portal de introspección con matices ancestrales, contemplación, creatividad y conexión con lo sutil, un diálogo interminable con toda esa otra interface aparentemente invisible para nuestros cortos sentidos. Desde entonces, la creación y mi forma de habitarme cambiaron. El acto creativo se volvió ritual, medicina, una forma de canalizar mi experiencia, mis anhelos, miedos y aprendizajes y de sobretodo entender que. Sí. tengo algo que decir, un don desde donde compartirme que me hace conectar con el amor que siempre tuve dentro. Y desde ahí ´´ser´´
También atravesé etapas confusas. En mi juventud me perdí un tiempo en fiestas y sustancias químicas, en una contradicción fuerte con lo que buscaba espiritualmente. Eso desordenó muchas cosas, tambien el hecho de tener que separarme tempranamente de mis padres me afectó en varios niveles. Pero luego, de a pocos por suerte vino el reencuentro. El yoga y ayurveda llegaron como una brújula. Me ordenaron. Me ayudaron a entender mis procesos, a habitar el cuerpo con conciencia, a comprender desde otra perspectiva mi caos, mi energía, mi intensidad. Me formé como profesor de yoga y meditación en Perú y Tailandia, y comencé a integrar todos estos saberes en mi vida cotidiana y a entender más acerca del servicio a través de la misión de vida. Desde entonces uso el sonido chamánico y ancestral como parte del camino del Yoga y como herramientas de conexión y re conocimiento.
Por sorpresa el estudio de la música regresó con una oportunidad de estudiar y ser profesor a la vez en una escuela de música popular en Perú. Este periodo fue crucial para aprender el lenguaje básico, a escribir, leer y entender la armonia para nuevamente re ordenar mi cabeza llena de canciones y seguir mi camino de productor, músico y terapeuta.
Todo eso después de varios años me llevó a crear un método, una formación integral donde combino lo que he aprendido en música, cuerpo y energía. Es una propuesta donde abordamos conceptos musicales y chamánicos desde armonía funcional y modal, la polirritmia, la respiración, el movimiento, los estados mentales y emocionales que acompañan al acto creativo, el trabajo con arquetipos, la cosmovisión andina y Védica, la psicomágia y la reconexión con el juego y la creación de un espacio saludable de expresión de facil acceso para crear hábito y romper creencias limitantes con respecto a crear y jugar.
Es una invitación a hacer arte mas allá de la mera estética, desde un lugar honesto, orgánico y ritual. A explorar qué nos pasa cuando sonamos, cuando bailamos, cuando respiramos con intención.
Hoy la música y el arte lo son todo para mí. Son mi canal más puro de conexión con la calma y la alegría de vivir. Me han regalado los encuentros más bellos, las oportunidades más significativas, las sanaciones más profundas y me encanta compartirme desde ese lugar seguro y tan apasionante del sonido. Vengo de un entorno tradicional, donde elegir un camino artístico fue remar contra la corriente. Pero también eso forjó carácter, convicción, entrega y mucha pasión.
Sigo creando, soñando, componiendo, compartiendo para diferentes formatos: Conciertos, talleres, ceremonias, música para danza y cine.
Creo que todos tenemos algo único que ofrecer, y que mientras más cerca estemos de lo que amamos, más se abre la magia y la resonancia positiva de la vida y el disfrute de habitar el camino. El arte me ha enseñado eso: que al escuchar lo que hay dentro, al ponerlo en el mundo con amor y disciplina, algo se transforma para bien y no solo para mí. Y eso es lo que deseo seguir haciendo como fiel servidor de las artes vivas del alma ¡
